Zombie el que saquea

Luciano SálicheImagen

La categórica ola de fascismo que se vio en nuestra indecisa clase media cuando comenzaron los saqueos fue un cliché. Pero un cliché bobo. La burguesía argentina tiene dos grandes pilares de contención. Por un lado, los medios de comunicación masiva que ventilan una visión del mundo sesgada –burguesa al igual que sus empresarios y directores-, sembrando el pánico o la buena onda según el caso. Y por otro, el Gobierno nacional y popular, que se sitúa dentro del sistema de partidos burgueses tradicionales, donde el gran grueso de Unidos y Organizados es clase media al igual que la audiencia interpelada por programas oficialistas como 678 y Duro de Domar. El punto es que mientras se producían los saqueos, estos dos pilares de contención – el poder político y mediático de la década- confluyeron en una misma perspectiva de ver el mundo: burguesa, clase mediera, individualista, quejosa y asustada.

 Imagen

En esos días de furia, circuló un juego on line donde la consigna era matar saqueadores, pero rápidamente fue eliminado del sitio debido a lo escandalizada que se mostró la prensa argentina. El juego era divertido aunque demasiado fascista: “sin seguridad en las calles los chorros hijos de puta aprovechan para llevarse todo”. Con una mira roja el jugador debe atinar un buen disparo en la frente para “hacer justicia”. Como una suerte de plaga de época que hay que exterminar por mano propia.

La analogía con el zombie es inevitable. Una tropa de gente muerta –el zombie no siente, no piensa, sólo actúa por un instinto voraz, interno e inconsciente- sale a las calles para sembrar el pánico y tomar todo lo ajeno hasta destruirlo. Del otro lado una clase media atemorizada que reconoce en sus pertenencias algo propio que sólo le corresponde a ella y que no importa saber por qué el zombie la quiere, sólo importa conservarla bajo eso que se dio en llamar propiedad privada. Como decía Bertolt Bretch: No hay peor fascista que un burgués asustado.

Entonces me imaginé en el techo de una casa humilde, sentado, con una escopeta de caza en mis manos, cuidando que una multitud de burgueses pálidos vengan a llevarse y/o destruir lo poco que tengo: algunos libros, una notebook, una tele, frazadas, alimentos no perecederos, una hermosa y cansada esposa y un hijito sucio y hambriento. ¿Acaso nadie nunca soñó con ser el compañero de Alice Abernathy en Resident Evil y encañonar zombies con la mueca de héroe?

Esta es la escena: una clase media inconforme, insatisfecha cual zombie hambriento de cerebros [1] causando el miedo en las calles. Y yo, arriba de mi casa, con un rifle en las manos, cuidando a mi familia como un vigilante, esperando, para luego apuntar confiado y meter bala en esos rostros llenos de botox y maquillaje.

¿Qué es la clase media sino una tropa zombie saqueadora que sólo busca parecerse a la clase alta partiendo de una base: diferenciarse de la clase baja? Su grado extremo de angustia frente a un mundo que sólo le ofrece un lugar en la mediocridad de ser lo que no quiere ser, la vuelve la clase de los muertos-vivientes.

¿Alguien quiere vivir una experiencia zombie de verdad? Hay algo que se dio en llamar Noche Shopping [2]. La clase media porteña la conoce muy bien. En los grandes centros comerciales, el día previo a la Navidad –el 23 de diciembre- a las 18 horas en punto, comienza la epopeya. Todos los locales presentan sabrosos descuentos. Se ofrecen diferentes tipos de juegos como esconder objetos en el interior del complejo para que las personas que los encuentren puedan comprar casi al costo muchos productos. También se instalan de forma imprevista Happy Hours de hasta 50% de descuento que solo duran cinco minutos. El consumo desenfrenado como un virus que inyecta la publicidad a toda la sociedad. Esa noche el shopping cierra a las 4 de la mañana.

Imagen

Los dos bastiones incuestionables en la formación de opinión pública (medios de comunicación masiva y Gobierno Nacional) se vieron, como pocas veces, coincidiendo frente a la postura de los saqueos. El día que se cumplían 30 años de democracia argentina, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo: “yo trabajé desde los 18 años y nunca se me ocurrió salir a saquear para conseguir un LCD”. Además agregó que los saqueos no fueron por hambre dejando en evidencia que sólo justificaba al que no tenía qué comer. De esta forma suprimió cualquier postura contraria y enalteció la figura del Gobierno al oponerse –una vez más y van- a lo sucedido en el 2001. Por su parte los medios actuaron fieles a sus intereses continuando el discurso empezado ya hace varios años sobre la inseguridad.

Los saqueadores son delincuentes. Esta es la línea bajada desde los pilares de la burguesía. No importa si son pobres o ricos, lo que importa es que cometieron un delito y merecen que recaiga todo el peso de la ley. Lo que no se evalúa es –como siempre- el contexto. Si situamos los hechos dentro del sistema capitalista ultra consumista actual y vemos cómo el Gobierno con su política de consumo que anula la posibilidad de ahorro obligando a la sociedad al gasto inmediato y los medios de comunicación con su estrategia publicitaria de darle la oportunidad a cualquier sujeto de desear todo y no tener nada [3] entenderemos un poco mejor las cosas. ¿No es acaso la clase media la representación del saqueo, y los trabajadores los que aguardan y se defienden de esa muchedumbre zombie que devora todo?

Imagen

La escena es la siguiente: estoy sentado en el techo de mi casa con la escopeta colgada. Mi familia duerme adentro. Son las 3 de la mañana. La luna llena está calma, sospechosamente calma, como si fuera la única que sabe que pronto se desatará la tempestad. A los lejos se escuchan algunos gritos. Luego disparos y más gritos. Aprieto el arma, la miro, la acaricio y ahí los escucho. Desde la esquina comienza a aparecer la horda de zombies que vienen a quedarse con todo. Una clase media con el cerebro completamente lavado por sus bastiones de contención y por eso necesitan consumir lo que sea. Caminan lentamente, inconformes, infelices, quejosos. En este caso me quieren a mí, a mi mi familia, mis cosas, mi casa. Cargo el arma, sonrío y empiezo a disparar.


NOTAS

[1]: “El zombie por definición se presenta residual, improductivo e incoherente, un muerto-vivo. Nada le alcanza. Su estado permanente es el de la insatisfacción. Al mismo tiempo, nosotros, los vivos, sabemos que si perdemos nuestro espíritu romántico, nuestra unicidad, lo perdemos todo. Así, el zombie como destino atenta directamente contra el narcisismo.” Zombie, Juan Terranova en Revista Paco.

[2]: La Noche Shopping se basa de un entramado y bien organizado sistema de relaciones comerciales entre bancos y comercios, tratando de sacar rédito al auge de consumo navideño.

[3]: ¿Cómo se explica que las publicidades de autos de lujo abundan cuando sólo unos pocos pueden comprarlos?

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s