El Chavo del 8 y la obsesión con el lenguaje

Luciano SálicheImagen

El porcentaje de personas que hayan nacido en este continente y desconozcan la frase “fue sin querer queriendo” debe ser prácticamente nulo. El Chavo del 8, creación sublime de Roberto Gómez Bolaños, tiene una precisión humorística infalible. ¿Por qué una serie mexicana repetida hasta el hartazgo por los canales de aire nos genera tantas, pero tantas carcajadas?

Chavo

Cuando Roberto Gómez Bolaños comenzó a trabajar escribiendo historias para algunos programas mexicanos era muy joven. Sus compañeros actores y directores de aquel momento le decían que era un gran escritor. Le decían que era un Shakespeare pero pequeño por su baja estatura. Por eso le quedó el apodo de Shakespirito. Luego él le sacó todo lo gringo de encima y lo castellanizó. Así nació el seudónimo de Chespirito.

El crítico español Claudio Guillén decía que el absurdo consistía en tres pasos: primero, un contexto verosímil, realista; segundo, un elemento que resulte extraño en ese contexto; y tercero, “una aceptación, minimización o falta de asombro, por parte de los personajes, del narrador o de ambos, con respecto a dicho elemento, que no se condice con el extrañamiento que debería producir”  [1] . Este es el juego con el lenguaje que propone Roberto Gómez Bolaños en el mundo del Chavo del 8. Hay un diálogo entre Quico y el Chavo que lo expresa de forma perfecta:

-Chavo, chavito, ¿qué te parece si juegamos fútbol con mi pelota?

-No, ahorita no puedo porque Ron Damón me invitó desde ayer para que viniera a ver el partido de fútbol en la televisión. ¿Tú no ves los partidos de fútbol en la tele?

-Sí, yo también Chavo. Y ayer hice un descubrimiento pero mira bien suave.

-¿Cuál?

-Mira, te sientas frente a la television, cierras los ojos y parece como si estuvieras oyendo radio.

-No, yo prefiero con los ojos abridos.

-No se dice abrido, se dice abierto, a-bier-to.

*Doña Florinda llama desde la ventana*

-Oye tesoro, ¿por qué no te acabaste tu chocolate?

-Porque está muy desabrido.

*Y el chavo responde*

-¡Desabierto!  [2]

Este “mal uso” en las palabras se genera a partir de una operación sencilla: la adjudicación de reglas en oportunidades con las que no se condicen; esta es una de las armas humorísticas más letales de la serie.

El Chavo del 8 tiene una peculiar obsesión con el lenguaje. Existe una utilización recurrente de modificar el orden de las sílabas en una oración. En Clases de guitarra  [3] , el chavo dice “Cuando sea grande voy a guitar la tocarra” y en Los sonámbulos II [4]  , “No más de imaginármelo me tiemblan las gallinas y se me pone la piel de rodilla”. En la serie El Chapulín Colorado, que también fue creada por Chespirito y se encuentra en la órbita del Chavo del 8, una de las frases más recurrentes del personaje principal es “¡Que no panda el cúnico!”. El recurso estético de invertir las palabras o las sílabas de lugar logra generar la sensación de una falla en el lenguaje. Esta figura desemboca directamente en el absurdo: la extravagante conducta de lo irracional.

La construcción del diálogo se sustenta con los personajes: niños que están atravesando el proceso de la escolarización con lo cual aún no tienen incorporados muchos de los reglamentos del habla. Esa falencia verosímil da lugar a las más diversas e ingeniosas interpretaciones.

Otra particularidad es el doble sentido en el sujeto de la oración. Como un engranaje dentro del absurdo aparece la confusión que se mantiene en escena el tiempo exacto de una carcajada. Es recurrente este artificio dentro del diálogo, por ejemplo, entre Doña Florinda y el Profesor Jirafales cuando este le regala un ramo de flores.

-Gracias Profesor. Es muy hermoso.

-Y eso que hoy no me lavé los dientes.

-Me refería al ramo.

-Ah, sí, también es hermoso. [5]

En una entrevista que Jorge Guinzburg le hizo a Chespirito en el programa argentino La Noticia Rebelde en 1987 habló sobre el blanco de su humor: “Yo no trabajo para los niños, se que me ven muchos niños pero yo trabajo para todo mundo. Mi programa lo hago para mí, es decir, qué me divertiría a mí como espectador. Yo dejé de ser chico hace ya más de 6, 7 años”. Su ironía también está presente en cada entrevista que le hacen.

Quizás la más grande muestra de obsesión por el lenguaje en el Chavo del 8 es la forma en que lee el Chavo la carta que la Chilindrina le envía a Don Ramón desde la hacienda de sus tías en la ciudad de Celaya, en Guanajuato. Todas las frases están modificadas para darle un sentido totalmente diferente del real. Esto provoca la preocupación de Don Ramón, que de antemano había pedido que le lean por miedo a que sean malas noticias [6] .

“Sigo considerándome antes que actor, escritor”, dijo un Roberto Gómez Bolaños joven, chispeante y vivaracho cuando llegó a Chile en 1977. Cual Beatles latinoamericanistas del humor, los personajes bajan de la escalera del avión saludando a los miles de chilenos que, con sus niños en brazos o a cuestas, gritan sin cesar “¡Chavo! ¡Chavo! ¡Chavo!”. Carlos Villagrán (Quico) levanta la mano con los dedos en V. Roberto tiene su mano tomada a la de Florinda Mesa (Doña Florinda), saluda contento y hace humoradas con la cabeza. Luego la escena vira a un colectivo, probablemente minutos después de descender. Por las ventanas se ve a la gente muy eufórica. Un periodista le hace algunas preguntas, algo torpes, que Roberto responde con inteligencia. Detrás de él, María Antonieta de las Nieves (La Chilindrina) se presenta y manda un saludo al público chileno mirando a cámara. Lo mejor del video: el periodista le acerca el micrófono a Ramón Valdez (Don Ramón); este muy desconcertado, se da vuelta y le responde con su característica voz, rasposa y atolondrada: “¿Qué pasó, campeón?”. Luego hace ademanes con la mano derecha. Tiene un cigarro entre los dedos. No hay colores, todo está en blanco y negro. El video entero se presta como una verdadera joya coleccionable.

Hay un capítulo ya de culto por los amantes del programa donde Quico, la Chilindrina y el Chavo entran a la casa de la Bruja del 71  [7] . Doña Clotilde aparece como una bruja tenebrosa y malvada que revuelve una pócima mágica que está preparando y ellos permanecen escondidos totalmente aterrados. Cuando producen algún ruido, Doña Clotilde pregunta “¿quién anda ahí?”, ellos hacen un maullido imitando al gato; al tercer ruido y al tercer “¿quién anda ahí?”, el Chavo no responde con un “miaaaauu” esperable, sino que lo hace con un giro humorístico asombroso: “¡otro gato!”. Este quizás sea uno de los diálogos más recordados de la serie. La inocencia y torpeza de un niño que está muerto de miedo se resuelve con una línea absurda, impensada, poniendo algo en un lugar donde jamás iría. Aquí radica el artificio espectacular que Roberto Gómez Bolaños ha construido de forma tan precisa y contundente. No hay chances: sólo puede concluir en carcajadas. Y son esas carcajadas las que vuelven a pesar de haber visto miles de veces la escena.

 El Chavo del 8 ha sido doblado a más de 50 idiomas. Hay una generación de América Latina que fue marcada a fuego por su humor. Hay muchos países en los que jamás se dejó de pasar al programa y hoy mismo continúa en pantalla. ¿Cuál es la generación más marcada si el producto televisivo comenzó en 1971, finalizó en 1992 y hasta el día de hoy sigue siendo taquillero?

Quizás su efectividad en la audiencia se deba a esa estilística del chiste fácil pero profundo, absurdo e inteligente. El contexto universal es lo que permite eliminar la localía y que cualquier espectador pueda sentirse identificado con la situación. Ese es el contexto del que habla Guillén, universalizable por cualquier niño iberoamericano. Luego se introduce un elemento extraño como es el “fue sin querer, queriendo”. La naturalidad de los personajes y de la escena al enunciarse un chiste sencillo que ingresa en cada capítulo como una frase anómala, sin sentido y absurda. La negación luego aceptada, el uso ingenioso de las palabras, “sin querer queriendo”, “sin querer” -no- pero “queriendo” -sí- contiene una fuerza tan certera que con la repetición no hace más que acentuarse y ganar su lugar. La sencillez del absurdo en su estado más puro, el del lenguaje.

NOTAS

[1]: Entre lo uno y lo diverso. Claudio Guillén. 2005.

[2]:El corto circuito en la vecindad. Temporada 3. 1974.

[3]:Clases de guitarra. Temporada 5. 1975.

[4]:Los sonámbulos II (más conocido por “Espíritus Chocarreros”). Capítulo 19. 1977.

[5]:Clases de boxeo. Temporada 6. 1977.

[6]:El regreso de la Chilindrina. Temporada 4. 1975.

[7]:La casa embrujada.Temporada 4. 1975

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1 comentario

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Una respuesta a “El Chavo del 8 y la obsesión con el lenguaje

  1. Impecable análisis, gracias Lucho!

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