Súbele mambo pa’ que mi gata prenda los motores

Luciano SálicheImagen

I

El 22 de abril se lanzó en las redes sociales la campaña Usa la razón, que la música no degrade tu condición. Una semana después se registró el primer posteo en Facebook y el primer tuit que fue: “la subestimación de la mujer como ser pensante, participativo y con criterio es deslegitima”… #usalarazon #porlamujer. Más allá de que el enunciado esté pésimamente escrito, la afirmación atrasa años. Principalmente porque es una discusión demasiado antigua. ¿Quién podría suponer que la mujer no es un ser pensante? ¿Acaso estamos comparándola con las piedras? La idea no cierra por ningún lado.

Imagen Pero la campaña nació para ser viralizada y generar conciencia con respecto a la violencia de género en la sociedad y, específicamente, la cosificación que sufren las mujeres en la música reguetón (o reggaeton, como se prefiera). Nadie puede negar que hay un contundente foco patriarcal en las letras que conforman muchos hits del género. Ni hablar en los videos que transcurren en un yate de lujo que navega por el Caribe donde las hembras mueven el culo y toquetean al macho que canta mirando a cámara gesticulando como si fuese el líder de una organización mafiosa y luciendo una cantidad exorbitante de cadenas de oro en el cuerpo. Pero ahí hay que hacer una aclaración. En todos los géneros, y más aún en la música, existen referencias comerciales y movimientos de resistencia. Existe un mainstream que es enaltecido por una industria cultural que, previo a depositar millones en su nuevo producto, realizan un estudio para trazar estrategias sobre cómo llegar a las masas, cómo hacer para que un reguetonero feo y desafinado pueda mutar a sex symbol y transformar todas las sonrisas que éste le tira a la cámara en suculentos montos de dinero a precio dólar.

Entonces, nadie puede negar que todo lo que la industria cultural chupa lo vuelve un producto ensamblado según los gustos que predominan en una determinada sociedad (produciendo y reproduciendo subjetividades). Pero lo que tampoco se puede negar es que hay un público que lo consume. Y ese consumo condicionado es también conscientemente elegido. Los creadores de la campaña son un grupo de estudiantes de la carrera Diseño Visual de la Universidad privada Jorge Tadeo Lozano de Colombia que cuenta con cuatro campus y un lema potente: “formar generaciones nuevas desprovistas de sectarismo, fanatismo y odio”.

Además de las imágenes crudas que interpretan literalmente las letras de algunas canciones del reguetón hay un flyer jugado donde se impone una estadística contradictoria: “ocho de cada diez mujeres que escuchan el reguetón se sienten maltratadas por el mismo”. Otra apuesta a la victimización ridícula, sin ningún rigor científico, que hunde toda su argumentación en un pozo con contornos elitistas. Esta Universidad mete en ese pozo a las masas -pasando por alto las diferencias, la diversidad, como si las masas fueran una materia uniforme- y las subestima.

Imagen

II

El problema es pensar que un género es misógino y degradante en sí cuando muchísimas mujeres realizan un acto consciente al consumirlo, bailarlo y disfrutarlo teniendo el control erótico cada vez que menean la cadera al ritmo dem bow. La socióloga Catherine Hakin escribió un libro llamado Capital erótico. El poder de fascinar a los demás donde expone un elemento más a la teoría del habitus de Pierre Bourdieu. Las personas que cuentan con una atracción sexual superior poseen capital erótico, lo que les llevará a desempeñarse mejor en el campo. Esto cobra relevancia frente al sexo opuesto. En esta cultura, el hombre muestra una mayor necesidad con respecto a las mujeres de placer y diversión sexual -la autora cita una serie de encuestas para validar la premisa- por lo tanto esta diferencia pone a la mujer en un lugar privilegiado.

Entonces, la pregunta sería: cuando una mujer baila reguetón en un boliche, ¿lo que está haciendo realmente es una autocosificación, es la exposición de su carne frente al público como un flagelo, como un acto de sometimiento al machismo de la cultura patriarcal? La periodista vasca especializada en género June Fernández expone un interesantísimo artículo donde prácticamente responde la pregunta: “Si hay un reparo ante el reguetón que me gusta rebatir es el de que es un baile machista porque la mujer se mueve para darle placer al hombre. Es curioso porque, bajo una premisa aparentemente feminista, una vez más se niega la sexualidad y el placer de las mujeres. ¿O sea que si yo me froto contra un tío es para darle gustito a él? ¿Acaso no creen que frotarme contra una pierna o un paquete me da gustito a mí?”

Imagen

III

La campaña se apoya en una literalidad ciega al trasformar letras en escenas. De esta forma la frase “si fueras un clavo y yo un martillo quisiera clavarte” es representada con una mujer crucificada en la pared mientras un hombre la ataca sexualmente. La figura de hipérbole es muy interesante. Funciona a varios niveles ya que produce una escandalización. Algo similar se observa en los paquetes de cigarrillos cuando aparece la foto de un bebé muerto o de un pie gangrenoso. La estrategia es cuestionable, pero clara. Lo que sucede es que el cigarrillo mata. ¿Acaso el reguetón también? ¿No será que lo que realmente mata es una sociedad que no permite mediante leyes una igualdad de condiciones? Concretamente: lo que mata es una cultura compleja que forja desde sus entrañas un imaginario social donde las diferencias de género se traducen en una lógica de dominación. Más concretamente: la violencia de género se ve en las posibilidades que se les anulan a las mujeres simplemente por ser mujeres. Por ejemplo, el aborto. En el 2005 un estudio de la OMS aseguró que 68.000 mujeres mueren anualmente en el mundo por abortos clandestinos. Pero una de las causas tiene que ver con que dos de cada cinco embarazos no son planeados. Entonces la cuestión de fondo es la falta de educación sexual donde las afectadas son las mujeres. Es aquí donde deberíamos poner todas nuestras fuerzas y luchar por la igualdad de género.

El antrópolgo Carles Feixa Pampols despliega una interesante teoría sobre las minorías culturales que se vieron en las últimas décadas del siglo pasado y la primera de éste denominadas tribus urbanas. En su teoría expone que estos grupos sociales invierten la valoración negativa que se les asigna para transformar su estigma en bandera. Pensemos en Gasolina, el clásico de Daddy Yankee, que comeinza diciendo “Súbele mambo pa’ que mi gata prenda los motores”. ¿Acaso no es evidente que la sexualidad femenina en el reguetón, más que un estigma, es un emblema?

IV

La campaña es un éxito en Facebook ya que cuenta con un total de 17.000 likes a apenas dos meses del lanzamiento. No así en Twitter que posee unos míseros 700 followers. Raro, ¿no? La respuesta es: no, para nada. Porque las redes sociales no son un mundo virtual donde todo es lo mismo. Cada una de ellas posee una especificidad, un conjunto de normas que se autorregulan a partir del habitus de cada usuario. Facebook es una plataforma donde se transparenta la identidad de la persona, se usa el nombre verdadero, los contactos que uno habitualmente tiene los conoce en algún ámbito de la vida cotidiana, ya sea colegio, facultad, trabajo, etc. Por el contrario, en Twitter es más habitual la presencia de usuarios que a priori no revelan su identidad. Esto permite cierto sarcasmo continuo, ironizar sobre cuestiones de la corrección política y hacer del contenido que circula mucho más fugaz. En Facebook los posteos suelen aparecer en el timeline de los usuarios horas o incluso días después de haberse posteado. En Twitter todo es más desechable y efímero. Esto forma parte de lógicas diferentes de concebir el contenido. Por eso quizás la campaña funcione masivamente en Facebook, y en Twitter sólo sea un chiste mal contado.

Imagen

“Usa la razón”, dice la campaña, “que la música no degrade tu condición”. Y de esa forma apunta al reguetón como un género estrictamente machista. Es probable sus creadores desconozcan la gran variedad de artistas que este tipo de música posee como Chocolate Remix, una reguetonera lesbiana que canta cosas como “tu pito será grande pero no más efectivo” o “una vez que entiendas que tu verga es prescindible / y centres tu atención en ser un poco más flexible / te sorprenderán todos los caminos posibles” o el llamado reguetón alternativo donde uno de sus exponentes es el portorriqueño SieteNueve.

La canción en que rapean sobre una liviana base de reguetón la española Mala Rodríguez y René Pérez de Calle 13 tiene un estribillo que resulta irónico. Durante todo el tema llamado Mala suerte con el 13 se insultan, se adoran, se insinúan, se piropean, se humillan y se prometen mucho sexo hardcore. El estribillo es un cross a la mandíbula de la campaña antireguetón colombiana: “Vamos a faltarnos el respeto / usando el alfabeto completo”.

Un ejemplo fructífero es la reguetonera panameña Lorna. En el 2002 sacó su canción Papichulo a la que cualquier persona que le guste medianamente la noche y haya puesto alguna vez una radio comercial durante esa época la tiene que conocer. Este tema -que paradójicamente nace dos años antes del famoso Gasolina de Daddy Yankee que fue el que hizo expandir el género por Sudamérica- tiene una letra sencilla y penetrante. “Te gusta el mmm / Te traigo el mmm / Y Lorna a ti te encanta el mmm / Que rico el mmm / Sabroso el mmm / Y a ti te va a encantar el mmm”. Al final de cada verso hay un gemido femenino de alta intensidad. Este es el capital erótico en una expresión concreta, sin vueltas, literal: el jadeo de una mujer que no se está cosificando frente al machismo imperante en la sociedad, todo lo contrario, está mostrando sus armas, está marcando su territorio, está dejando en evidencia la debilidad sexual del macho.

V

We are one fue la canción que se interpretó en la inauguración del Mundial. Una ceremonia que duró apenas 26 minutos y costó nueve millones de dólares. Allí, el reguetonero miamense Pitbull, que apenas flexionaba las piernas simulando bailar y sonreía con la mitad de la boca como un cafisho vip, robó escena por el amarillento color de la camiseta de Brasil que tenía puesta. Junto a él había dos mujeres. A su izquierda, la cantante pop brasileña llamada Cláudia Leitte que portaba un ajustado traje azul con lentejuelas y el logo de la CBF. Y a la derecha, el culo más cotizado de Hollywood desde hace unos años según Wenn.com y Oxygen: Jennifer López. No hace falta ser un machista, misógino o masturbador compulsivo para decir que Pitbull sobraba -era un bulto extraño que levantaba los brazos y festejaba su intrascendencia- y que el verdadero espectáculo eran las dos mujeres que bailaban con las piernas descubiertas moviendo sus amplias cabelleras y el brillo pop de un Mundial que comenzaba a ser realidad.

Imagen

Sexualidad y fútbol es una combinación potente. Siguiendo la lógica de la campaña, ¿podríamos crucificar o comerles el intestino a estas cantantes? Quizás la verdadera representación sea completamente la opuesta:

Dos mujeres cantan y evocan un baile sensual en el escenario que se ubica en el centro del estadio. El hombre detrás de ellas y todos los espectadores que están en las gradas alrededor están fascinados, motivados, fueron a ver fútbol y ahora se encuentran atrapados en una red de erotismo tejida por las dos femme fatale. Entonces, cuando todo se vuelve onírico, cuando la música es una especie de réquiem que sale del arpa de Mime de Benetnasch, ahí aparece el capital erótico femenino en todo su esplendor, con plena literalidad, porque las mujeres crucifican a los espectadores voyeuristas y luego, con sus ojos de felino, los penetran una y otra vez para luego devorarlos. Sí, se los devoran, sensualmente, con sus gigantescas bocas enmantecadas por el rojo del lápiz labial que ya no es lápiz labial, es la sangre que fluye de los cuerpecillos masculinos que agonizan eternamente.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s